Un analgésico o tú, por favor 

Estado

Busco desesperada entre mis pertenencias un analgésico fuerte para mitigar el dolor. Aquí está.

Ya ha pasado una hora y el dolor sigue igual. Intento aplicando calor, cambiando mi posición, me hago terapia emocional, ¡y nada!.

Dos horas y sigo igual. Todos duermen, y yo, como que la noche no vino para mi. ¿Por qué siento esa sensación de que no he tomado nada?

Cuatro horas y la desesperación me ha hecho encender las luces, sentarme y crear un analgésico más eficaz.

                            ***

Está bien, lo admito, es a ti a quien necesito, son tus brazos sobre los míos, tu pecho junto a mi espalda lo que me urge.

Es tu respiración fuerte, casi desesperada lo que ayudaría con este dolor 

Mi piel ya está roja, me arde, no la siento tersa como minutos atrás. Para esto necesito tus dedos entrelazados con los míos.

Siento una punzada en el pecho, para eso necesito…

                         ***

¿Por qué no funciona? ¿Por qué me sigue doliendo?

– No te engañes, ¡sé sinsera!. Lo que buscabas era poder recordar el olor de su cuerpo.

-¡Qué suerte y qué lastima!, ya no lo recuerdo.

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