Tienes que llorar para sonreir

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El sufrimiento comenzó el día que te vi y me enamoré. En ese momento perdí el amor que me tenía.

Mi felicidad estaba en cada mirada tuya, en cada éxito de mi vida. Pero mi corazón se creía perfecto y mi ego creía que podía ser más grande sin aplastar a nadie, sin pensar que podía romper mi pecho.

Cuando vi tu espalda sentí un hueco. Luego vinieron más amores, que en lugar de consolar, se dedicaron a llenarme de rencores.

No era suficiente tanto dolor. Entonces perdí el poder, el dinero, perdí a mis hijas, perdí el sentido; y pregunté cuál era el objetivo de tanto dolor.

La oscuridad era mi nuevo vestido y la soledad mi cama, mi acompañante nocturna la intriga, y mi comida la desesperación.

Un hechizo llegó a mis manos, con desconfianza lo tomé y no tuve fe en su efecto. Pasó el tiempo y creí que solo se burlaban de mi una vez más.

Un día me callé desde adentro. El silencio me acompañó y escuché: ¡solo es paciencia lo que le falta a tu vida!.

Cuando empezó a salir el sol ¡no lo sé!, quizas siempre estuvo ahí y solo había cerrado mis ojos.

Hoy no pensé en mi, sino en ti. Sé que sufres tanto como yo, más la sonrisa que vi hoy en sus ojos me confirmaron que valió la pena sufrir. 

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