Sensatez

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Saberte feliz es un alivio para mi alma, aunque mis labios quisieran decir te extraño, hoy son sensatos  y solo sonrien.

Lo sensato es no preguntarte como estás, lo sensato hoy es guardar silencio ante tu provocación.

El dolor ha sido bueno, pero lo sensato es no volver a abrir la herida, lo sensato es amarte en silencio y guardarte en mis recuerdos.

Lo sensato en este caso es verte pasar de lejos y gritarte en silencio: ¡aun te anhelo!

Ellas y yo 

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-Te noto extraño

-No te escucho

-¿Qué te pasa?

-Nada, solo que me está viendo lo estupido que soy, lo que he sido siempre, pero ella no podía ver antes.

-Antes te quería

-Ahora me quiere también,  solo que se quiere más a ella, ahora me quiero, me quiero morir.

-¡Morite, inténtalo!

-Ya me morí cuando vi que me quedé sin ella y contigo.A ti  no te quiero.

-Yo sé 

 – Entonces, ¿Por qué estas aquí?

-Por que no he aprendido a quererme mas que a ti.

Tu nombre es un puñal

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Trato de escaparme de tu radar, lucho por alejarme de tus recuerdos, tu nombre es lo que evito pronunciar.

Mi sonrisa es sincera, mas eso no significa que olvidé tus abrazos, aún recuerdo nuestros planes.

Ellos piensan que este tiempo ha sido mágico y que he hecho borrón y cuenta nueva. Pronuncian tu nombre con todas sus letras. 

 Aún en la distancia sigues siendo prioridad de muchos. Todos piensan en ti y buscan cómo ayudarte, no hay problema que te recuerden, el problema es que pronuncien tu nombre.

Las dos primeras sílabas me sacan una sonrisa, las dos últimas provocan escalofríos, así como me los provocaban tus manos.

Hoy sangro al escuchar tu nombre, pero son gotas las que caen de mi pecho, la corriente se ha secado, o se convirtió en hemorragia interna.

Dejaste el puñal clavado, espero Arturo no tarde demasiado.

Yo he visto a los ángeles

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¿Alguna vez les he dicho cuánto les agradezco por aguantarme? No, creo que no. ¿Saben que rezo por ustedes? Creo que eso no era necesario decirlo.

¿Saben cuánto las quiero? Eso si era indispensable preguntarlo, porque si no lo saben, entonces, no se dan cuenta de lo importante que han sido para mi, de lo mucho que han marcado mi vida para siempre.

Vivo sola, si y no, porque a mi primera lágrima o semblante de tristeza acuden todas, cada una  con su experiencia opina qué tengo que hacer .

Incluso sus silencios, sus enojos y la distancia han sido buenos consejos.

Me siento miserable al no poder convertir sus lágrimas en esperanzas, sus dolores en estrellas. 

Sin embargo, me atrevo a decir que he visto a los ángeles, si, en los ojos de cada una intentando borrar mi dolor. 

Un analgésico o tú, por favor 

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Busco desesperada entre mis pertenencias un analgésico fuerte para mitigar el dolor. Aquí está.

Ya ha pasado una hora y el dolor sigue igual. Intento aplicando calor, cambiando mi posición, me hago terapia emocional, ¡y nada!.

Dos horas y sigo igual. Todos duermen, y yo, como que la noche no vino para mi. ¿Por qué siento esa sensación de que no he tomado nada?

Cuatro horas y la desesperación me ha hecho encender las luces, sentarme y crear un analgésico más eficaz.

                            ***

Está bien, lo admito, es a ti a quien necesito, son tus brazos sobre los míos, tu pecho junto a mi espalda lo que me urge.

Es tu respiración fuerte, casi desesperada lo que ayudaría con este dolor 

Mi piel ya está roja, me arde, no la siento tersa como minutos atrás. Para esto necesito tus dedos entrelazados con los míos.

Siento una punzada en el pecho, para eso necesito…

                         ***

¿Por qué no funciona? ¿Por qué me sigue doliendo?

– No te engañes, ¡sé sinsera!. Lo que buscabas era poder recordar el olor de su cuerpo.

-¡Qué suerte y qué lastima!, ya no lo recuerdo.

No creo que sea hilo rojo  

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Dicen que un hilo rojo nos une para siempre. Yo no creo que sea así, creo que es un hilo verde. 

Siempre que escapamos uno del otro tenemos la certeza de que nos buscaremos, por miedo a perder lo que hemos construido, por miedo a desperdiciar todos estos años.

Nos aferramos a lo que quizás no exista, con tal de llenar la soledad que nos acompaña desde el vientre.
En tus ojos veo ese hilo de esperanza que te mueve a intentarlo una vez más, y crees que lo haces por amor, no cariño, eso se llama cobardía. 

No es un hilo rojo lo que nos hace volver a encontrarnos, no es por eso que hoy he tenido noticias tuyas, no es por eso que nos hemos encontrado de nuevo en la cafetería, no.

Tú y yo sabemos lo que nos gusta. La esperanza nos permitió conocernos, tanto, que ya sabemos donde buscarnos, y la cobardía nos impide olvidarnos. ¿Lo entiendes?  no es un hilo rojo. 

Tienes que llorar para sonreir

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El sufrimiento comenzó el día que te vi y me enamoré. En ese momento perdí el amor que me tenía.

Mi felicidad estaba en cada mirada tuya, en cada éxito de mi vida. Pero mi corazón se creía perfecto y mi ego creía que podía ser más grande sin aplastar a nadie, sin pensar que podía romper mi pecho.

Cuando vi tu espalda sentí un hueco. Luego vinieron más amores, que en lugar de consolar, se dedicaron a llenarme de rencores.

No era suficiente tanto dolor. Entonces perdí el poder, el dinero, perdí a mis hijas, perdí el sentido; y pregunté cuál era el objetivo de tanto dolor.

La oscuridad era mi nuevo vestido y la soledad mi cama, mi acompañante nocturna la intriga, y mi comida la desesperación.

Un hechizo llegó a mis manos, con desconfianza lo tomé y no tuve fe en su efecto. Pasó el tiempo y creí que solo se burlaban de mi una vez más.

Un día me callé desde adentro. El silencio me acompañó y escuché: ¡solo es paciencia lo que le falta a tu vida!.

Cuando empezó a salir el sol ¡no lo sé!, quizas siempre estuvo ahí y solo había cerrado mis ojos.

Hoy no pensé en mi, sino en ti. Sé que sufres tanto como yo, más la sonrisa que vi hoy en sus ojos me confirmaron que valió la pena sufrir.